quinta-feira, 17 de janeiro de 2013

El exilio cubano de Miami rechaza la apertura migratoria de Castro



Rui Ferreira / Miami
 
La posibilidad de que los cubanos residentes en la isla puedan viajar a donde quieran y cuando lo deseen ha provocado una reacción inesperada dentro de la comunidad exiliada en el sur de la Florida, el rechazo.

Algunos se oponen abiertamente no tanto porque sus compatriotas puedan rodar por el mundo, sino porque creen que Miami se va a llenar de cubanos indeseables.

Otros, temen que un supuesto éxodo lleve a las autoridades estadounidenses a cancelar todas las prebendas migratorias que los cubanos disfrutan, como la 'ley de Ajuste Cubano' o la política de 'pies secos-pies mojados', que les permite permanecer en Estados Unidos sin grandes complicaciones, apenas porque se les considera 'refugiados del comunismo'.

Y los hay que creen que es el principio del fin del "exilio" y los cubanos pasarían a ser una comunidad de inmigrantes económicos y no aguerridos combatientes 'anticastristas'.

"Estamos ante una de las mayores estratégicas políticas del régimen cubano y comunista de Castro, para burlarse abiertamente de las leyes migratorias imperantes en los Estados Unidos actualmente porque ya vendrán a este país únicamente las personas que pasan por el filtro comunista", sostiene Pedro López, un activista exiliado que preside el llamado 'partido liberal'.

Es más, "estamos denunciando que todo esto es una completa burla del gobierno de los Castro porque la mayoría de cubanos que vendrán a este país, de las últimas generaciones, sólo vendrán a lucrarse económicamente y a retornar dinero para fortificar la revolución de los Castro", afirma.

Además, López y unos 10 exiliados de línea dura que convocaron a una rueda de prensa el martes, dicen estar preocupados de que en medio de la oleada de visitantes puedan llegar "agentes de Castro".

Para ello han publicado una carta abierta de cinco puntos en que recaban la ayuda "del pueblo americano" para frenar esa eventualidad. Y de paso, sugieren que mecanismos, como la "ley de Ajuste Cubano" sean aplicados selectivamente.

"No estamos pidiendo que se deroguen ciertas leyes que benefician a los cubanos en este país sino que se ajusten a su espíritu inicial, humanitario y libertario", pero, "si no se modifican viviremos un 'súper Mariel Rojo'" agrega la carta, refiriéndose al éxodo del verano de 1980 en que unos 125.000 cubanos llegaron a Estados Unidos.

De paso, la propuesta sugiere a quien el Gobierno de Estados Unidos debería dejar entrar al país. Esos beneficios migratorios, "deben aplicarse sólo a los verdaderos opositores políticos o ideológicos", afirma la carta abierta.

"Es una de las cosas más disparatadas que se han hecho en el exilio cubano. Lo que les preocupa son lo votos, no que la gente salga de Cuba. Están preocupados por perder elecciones en el futuro, que nadie vaya a votar por ellos. Pretenden abrir un abismo, quieren convertir a Miami en una isla. No les preocupa que su gente pueda viajar por el mundo", comenta a ELMUNDO.es el analista cubanoamericano Alejandro Armengol.

En el fondo, la preocupación de los exiliados de línea dura es que con las nuevas reglas migratorias puestas en practica por La Habana, el exilio pierda su matiz político y combatiente, ya que con la entrega de los pasaportes libremente se puede crear una nueva clase de inmigrantes económicos, que van y vienen entre Estados Unidos y Cuba, como lo hacen los mexicanos con su país.

Una cifra: sin la reforma migratoria cubana, el año pasado más de 400.000 cubanoamericanos viajaron a su tierra natal. Ahora, la situación pudiera variar, porque el Gobierno de la isla ha levantado la prohibición de retornar a muchos exiliados y el movimiento de gente se dará en los dos sentidos.

Es lo que tiene preocupados a los congresistas republicanos de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, quienes temen que el trasiego cree la percepción de que los cubanos ya "no están escapando del comunismo".

"Esto, pone en peligro la 'Ley de Ajuste Cubano'. De vez en cuando, hay miembros del Congreso que presentan proyectos de ley para eliminar la Ley. En esencia, lo que dicen es 'espera un segundo, ¿cual es el espíritu de la Ley de Ajuste Cubano? ¿Es que estas personas han sido perseguidas, y por ende les permitimos venir a Estados Unidos?' Después de todo, esta es una circunstancia especial que solo beneficia a los cubanos. Y por eso, nuestros colegas siempre insisten que si vienen a Estados Unidos y los dejamos entrar debido a la circunstancia especial de que se les ha perseguido, entonces si regresan a Cuba, ¿no se les está persiguiendo?", afirma Díaz-Balart.

Al contrario de lo que pensaron inicialmente medios opositores, el lunes pasado el Gobierno cubano dejó claro que los disidentes no se encuentran excluidos de la posibilidad de viajar. La bloguera Yoani Sánchez anunció que las autoridades le comunicaron que recibirá su pasaporte en dos semanas. A su vez, dos oficiales de la Seguridad del Estado le hicieron saber al también disidente Guillermo Fariñas, que puede mandar hacer su pasaporte y viajar al exterior cuando quiera.

Dudas aparte, lo cierto es que se ha creado una nueva dinámica en la vida política cubana. La escritora Ann Louise Bardach, autora de tres libros sobre Fidel Castro, cree que dejar salir a los opositores puede ser el embrión de un proceso democrático. "Antes, la política era no dejarlos salir. Eso se entendía como una forma de que el Gobierno de Castro se mantuviera en el poder. Pero si ahora los dejan volver, las reglas del juego han cambiado", dice en una entrevista con la cadena ABC.

En su opinión, "si la gente puede ir al extranjero, criticar el Gobierno y regresar, entonces es un nuevo día para Cuba".

No es quien único piensa así. "Creo que, al final, beneficia al Gobierno cubano. Aunque tardaremos unos meses en tener una noción de su impacto político, lo cierto es que esta nueva etapa significa que ellos no tienen miedo en dejar los cubanos salir y volver", enfatiza a ELMUNDO.es Phil Peters, el vicepresidente del centro de análisis de Washington, Lexington Institute.

EL MUNDO.ES

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