domingo, 12 de maio de 2013

DE LA CULTURA POLITICA CUBANA (II), SABERES POLITICOS


Jorge Gómez Barata

La Revolución Bolchevique que introdujo innovaciones económicas y sociales trascendentales, no realizó aportes equivalentes en la esfera de la institucionalidad política, lo cual puede haber influido en el desenlace final.

Más de un siglo después de las revoluciones de Norteamérica y Francia y del inicio de las luchas independentistas iberoamericanas, triunfó la Revolución Bolchevique con un proyecto político cuyo cometido era destruir el capitalismo y construir una nueva sociedad y forjar un hombre nuevo.

Lo paradójico fue que el escenario para forjar aquel ambicioso proyecto era uno de los ámbitos políticamente más atrasados de Europa. De hecho, Lenin intentó hacer funcionales las ideas políticas y sociales más avanzadas en medio del atraso económico y el primitivismo político.

Cuarenta y tres años después, en Cuba, Fidel Castro encabezó un movimiento político cuyo sustrato estaba formado por una cultura política relativamente avanzada, forjada por los luchadores independentistas que en el siglo XIX se nutrieron del liberalismo europeo, por la influencia de la lucha liberadora de las 13 Colonias de Norteamérica, los referentes latinoamericanos y sobre todo por el ideario martiano, incluyendo su antiimperialismo expresado en el rechazo a la intervención norteamericana en 1898 y la imposición de la Enmienda Platt.

En los siguientes veinte años, la conciencia nacional se profundizó hasta el punto que una alianza de fuerzas políticas, incluidas la izquierda marxista y la intelectualidad liberal, encabezaron las luchas populares que dieron al traste con la dictadura de Gerardo Machado, abriendo el camino a un movimiento político que en los años cuarenta reorientó al país con una Constitución avanzada y la edificación de poderosas organizaciones obreras y sociales orientadas por elementos progresistas y de izquierda.

Esos y otros procesos permitieron a Cuba superar antes que muchos otros países latinoamericanos el modelo político oligárquico regido por liberales y conservadores, introducir los partidos políticos de masas (Auténtico y Ortodoxo) y las elecciones con amplia participación popular, procesos que con luces y sombras dieron protagonismo a las masas.

Aquel desarrollo de la cultura política explica el repudio popular y clasista a la dictadura de Batista y el apoyo al movimiento político encabezado por Fidel Castro que tuvo en el Asalto al cuartel Moncada, el desembarco del Granma, la lucha en la Sierra Maestra y el triunfo de enero de 1959, episodios en los cuales la conciencia política de la élites y el pueblo fueron decisivos y explican el respaldo a la Revolución, el repudio a la agresividad de Estados Unidos y el apoyo a las mutaciones que condujeron al socialismo.

Con posterioridad, en virtud de la extraordinaria obra educacional de la Revolución, la difusión de los discursos de Fidel Castro, la creación de un sistema de instrucción política para las masas y los militantes y la introducción de los contenidos del marxismo-leninismo en el sistema nacional de enseñanza, se reforzó la cultura política que, contradictoriamente, hoy parece estancada, incluso empobrecida.

Tal vez esa situación se origina porque la rutina prevaleció sobre la creatividad, por la vigencia de una filosófica y de enfoques sociopolíticos oficiales que, al no admitir matices aunque diferentes, válidos se sostiene sobre dogmas, simplificaciones y equívocos de cuya pertinencia se dudaba ya en épocas pretéritas.

De alguna manera la rectificación y los reajustes del modelo político y social deberán interesarse por el desempeño de la llamada esfera ideológica encargada de renovar el arsenal ideológico, actualizar los argumentos, sustanciar la participación social y profundizar la cultura política cubana, cosa que puede ser más urgente entre la juventud, refractaria a los esquemas vigentes y los cuadros encargados de operar el sistema. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de mayo de 2013

Moncada
 
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