segunda-feira, 13 de julho de 2015

El Cardenal, ética, política y religión en Cuba

Cartas desde Cuba - Por Fernando Ravsberg, julio 9, 2015


Cadenal Jaime Ortega. Foto: Raquel Pérez Díaz

Ya está en marcha el linchamiento del Cardenal Jaime Ortega, personalidad contra la que se apuntan los cañones mediáticos del anticastrismo de Miami, en consonancia con los disidentes y algún que otro diplomático de los EEUU asentado en Cuba.

Buscan cualquier pretexto para atacarlo pero el odio contra el prelado viene desde muy lejos. Lo acusan de dos pecados capitales: promover la liberación de todos los presos políticos en el 2010 y alentar el acercamiento entre Cuba y EEUU.

La primera gestión obedeció al pedido de las Damas de Blanco, mujeres cuyos esposos estaban presos. El Cardenal medió con el gobierno cubano y, con el apoyo de España, se llegó a un acuerdo para liberar a todos los prisioneros de conciencia.

El 90% de los excarcelados a abandonó Cuba rumbo a España, junto a cientos de familiares. Algunos afirmaron después que el Cardenal Jaime Ortega los había obligado, ofreciéndoles el destierro como única vía posible de lograr su liberación.

El tiempo demostró que era una falsedad. 12 de los liberados decidieron quedarse en Cuba y dejaron claro que existía la posibilidad de ser excarcelado y permanecer en el país, por lo que el viaje a España de los otros 115 y sus 600 familiares fue voluntario.

Ahora vuelven a intentar lincharlo porque dijo a una radio que no hay prisioneros políticos en la isla. Más tarde aclaró a Cartas desde Cuba que entre los cientos de peticiones recibidas de amnistía por la visita Papal no llegó ninguna de presos de conciencia.






El Cardenal pidió que, si existen presos políticos, le hagan llegar sus nombres. Y los opositores no encontraron mejor momento para entregarle “la lista” que en medio de una recepción diplomática de EEUU. Jaime cayó así en una emboscada.

Pasé junto a él y lo vi rodeado de disidentes, me di cuenta de que pretendían centrar la atención de todos en el enfrentamiento y seguí mi camino. Sin embargo, un diplomático de los EEUU me detuvo e insistió, sonriendo, en que fuera a ver como tenían acorralado al Cardenal.

La periodista disidente Miriam Leiva también estaba cerca y describió lo ocurrido de esta manera: “me impresionó verlo sorprendido tratando de responder convincentemente a 2 hombres y 2 mujeres vestidos de blanco que lo increpaban con severidad”.

En su comentario recuerda que cuando su esposo estaba preso fue la Iglesia Católica la que les abrió sus puertas a los familiares. Incluso hoy recibe cada domingo en el templo de Santa Rita a las Damas de Blanco, dos de las cuales participaron del show en su contra.

Al día siguiente empezó a funcionar la bien aceitada maquinaria de Lynch (*), publicaron que Jaime Ortega “parecía un comisario político de corte estalinista” y aseguraron que dijo a los disidentes que “la información de ustedes proviene de la ‘gusanera’ de Miami”.

En un comunicado oficial el Arzobispado de La Habana se desmienten estas versiones. “Las expresiones ‘prensa de la gusanera’ y ‘prensa contrarrevolucionaria’ no fueron utilizadas por el arzobispo de La Habana, ni se corresponden con su vocabulario”.


Todo huele a maniobra de desprestigio contra el Cardenal, al cual intentan eliminar de la cúpula de la Iglesia cubana. La disidencia y el anticastrismo buscan un clero más politizado, que les permita convertir “el rebaño” católico en la base social que no tienen.

Hace ya años el opositor Oswaldo Payá acusaba a Ortega y sus colaboradores más cercanos de estar comportándose como “el otro partido”, agregando que “la imagen que estamos dando es la de una iglesia que quiere ser protagonista sustituta de la oposición”.

La campaña ha cobrado algunas víctimas entre sus colaboradores, Roberto Veiga y Leinier González, redactores de la revista Espacio Laical, tuvieron que renunciar. Sin embargo, los esfuerzos por “tumbar” al Cardenal han fracasado hasta ahora.

A pesar de que Jaime Ortega ya está en edad de retiro, el Papa lo mantiene en su puesto. El Vaticano no parece muy dispuesto a arriesgar los espacios y el protagonismo social alcanzados por la pequeña Iglesia cubana durante los últimos 15 años.

En el currículo del Cardenal está el restablecimiento de las relaciones con el Estado, la visita de 3 Papas a Cuba, la apertura de nuevos espacios de evangelización, el ingreso de cientos de religiosos extranjeros, la liberación de todos los presos de conciencia y 3000 comunes, y la mediación en el diálogo Cuba-EEUU.

Una hoja de servicio impresionante que debería merecer el respeto de todos, más allá de las diferencias políticas o filosóficas que nos separen. Lo que ocurrió en la recepción solo cuestiona la ética de quienes montaron el show y también de quienes lo permitieron.

(*) Juez norteamericano de cuyo nombre deriva la palabra “linchamiento”, imaginen sus métodos. 

Tomado de Moncada


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