quinta-feira, 16 de julho de 2015

Mensaje de los obispos de la Iglesia Católica en Cuba con motivo de la próxima visita pastoral del Papa Francisco


A solicitud de la presidencia de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, reproducimos un mensaje con motivo de la próxima visita del Papa Francisco a nuestro país, que fue publicado en su página web


16 de julio de 2015 21:07:52 
El Papa Francisco oficiará una misa en la Plaza de la Revolución “José Martí”. Foto: www.lavoz.com.ar

A los hijos de la Iglesia Católica, a los hermanos de otras confesiones religiosas, y a todo nuestro pueblo:

Los hijos de la Iglesia en Cuba, y con noso­tros muchísimos cubanos más, hemos recibido con gran alegría la noticia de la visita que el Papa Francisco hará a nuestra patria del 19 al 22 de septiembre próximo. El Santo Padre quiere mostrarnos su cercanía en un momento en que, gracias también a su mediación, se respiran aires de esperanza en nuestra vida nacional por las nuevas posibilidades de diálogo que están teniendo lugar entre los Estados Unidos y Cuba. ¡Es mucho y muy importante lo que viene haciendo él, como Pastor universal de la Iglesia, en la búsqueda de la reconciliación y la paz entre todos los pueblos de la Tierra!


Francisco será el tercer Papa que nos visita en los últimos 17 años. En el próximo septiembre, Cuba y Brasil serán los dos únicos países del mundo que tendrán el privilegio de haber sido visitados por tres Papas. Y eso lo consideramos una bendición más que nos envía el Señor. A la mente nos vienen tantos hijos de nuestra Iglesia que soñaron, tal vez, con esto, pero su vida no les alcanzó. ¡Tantos obispos, sacerdotes, religiosas y laicos que trabajaron “desde la primera hora” (Mt. 20, 1), muchísimas veces sembrando “entre lágrimas” (Sal­mo 126, 5). A ellos los admiramos por ha­ber sido verdaderos titanes de la fe. Ahora somos nosotros los privilegiados a quienes se nos invita a “cosechar entre cantos de júbilo y de fiesta” (Salmo 126, 6).

Todos recordamos cómo al Papa Juan Pablo II, hoy santo, lo recibimos como “Men­sajero de la Verdad y la Esperanza” y no olvidamos nunca sus palabras ni el gesto de coronar la venerada imagen de la Virgen de la Caridad. El Papa Benedicto XVI, por su parte, fue entre nosotros el “Peregrino de la Caridad”.

Él quiso unirse a nuestras celebraciones por los 400 años del hallazgo y la presencia de la Virgen en nuestro pueblo y fue al Santuario del Cobre para, como un cubano-peregrino más, arrodillarse ante la bendita imagen de Nuestra Señora, encenderle una vela y regalarle una flor. Ahora nos preparamos a recibir al Papa Francisco como el “Misionero de la Misericordia”.

Queridos hijos e hijas: el Papa Francisco no se cansa de hablar de la misericordia: 13 veces la mencionó en sus palabras del primer do­mingo después de su elección. Y recién aca­ba de convocarnos a celebrar un Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia que comenzará el 8 de diciembre de este año y concluirá el 20 de noviembre del 2016.

La misericordia, queridos todos, no es otra cosa sino “lanzarle nuestro corazón” a los demás, no una piedra, o un insulto o un golpe. La misericordia es también “ponerle corazón a la miseria”. ¡Y hay tanta miseria a nuestro alrededor! A veces parece que vivimos en un mundo sin corazón. Por todas partes encontramos miserias morales, espirituales, sociales, intelectuales, síquicas, materiales… y encontramos también gente que se insensibiliza ante el dolor humano.

Muchos se quejan de la dureza con que los tratan los demás. Aumenta entre nosotros un lenguaje sin misericordia. La violencia está a flor de piel. Hay agresividad en las familias, centros de trabajo, comunidades, etc. Y el Papa Francisco, Misionero de la Misericordia, quiere invitarnos a que no nos cansemos de practicar la misericordia.

Recientemente, en su Carta Pastoral sobre el Año de la Misericordia, el Papa ha recalcado que Jesucristo, “rostro de la misericordia del Padre”, nos reveló la misericordia de Dios. Y explica que nuestro Dios, a lo largo de toda la Biblia, se nos muestra cercano, paciente y “rico en misericordia” (Ef. 2, 4) y que “no nos trata como merecen nuestros pecados” (Sal­mo 103, 10) porque “su misericordia es eterna” (Dan 3, 89). Que Jesucristo nos dio, con sus gestos y palabras, muchos ejemplos de misericordia: en el capítulo 15 del evangelio de San Lucas, Jesús nos propuso tres parábolas o comparaciones maravillosas: la del buen pastor que buscó, hasta encontrarla, a la oveja perdida, la de la ama de casa que hace fiesta porque encontró la moneda que se le había extraviado, y la del Padre misericordioso que invita a una fiesta por haber recuperado a su hijo que se había perdido por andar por malos caminos.

Jesucristo llamó a todos a perdonar “setenta veces siete”, o sea, siempre (Mt. 18, 22). Dio de comer a hambrientos (Mt. 9, 36) y curó leprosos (Lc. 17, 11-19), paralíticos (Mt. 9, 1-8), ciegos (Jn 9, 1-41), sordomudos (Mc. 7, 31-37), etc. Se conmovió ante el llanto de una viuda que llevaba a enterrar a su hijo único (Lc. 7, 11-15). Invitó a Mateo, un hombre del que todos hablaban mal, a formar parte del grupo de los doce apóstoles (Mt. 9, 9-13). Perdonó a los pecadores (Jn. 8, 1-11) y él mismo ofreció el perdón y rezó por aquellos que lo llevaron a la muerte de cruz (Lc. 23, 34). Fue en el sermón del Monte (Mt. 5, 7) donde él proclamó: “Dichosos los misericordiosos porque alcanzarán misericordia”.

Todos en este mundo, cubanos incluidos, necesitamos la misericordia. Para nosotros y para los otros. Hay gente que no se perdona haber cometido un error o no perdona a quien lo ofendió. Y debemos recordar que, en forma no opcional sino imperativa, Jesucristo nos exigió: “Sean misericordiosos como el Padre del cielo es misericordioso” (Lc. 6, 36). Y San Pablo nos advierte que “a los que no tienen misericordia les espera un juicio sin misericordia” (Ef. 4, 32).

¡Qué bueno sería, en estos días previos a la visita del Papa, que le pidiéramos al Señor tener “entrañas de misericordia” (Col. 3, 12). Y que repitiéramos muchas veces al día aquella sencilla oración que muchos aprendimos de niños: “Sagrado Corazón de Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo”. Oportuno sería también el proponernos todos, nosotros in­cluidos, repetir gestos de misericordia en nues­tro obrar cotidiano, como visitar enfermos, compartir lo que tenemos, perdonar y pedir perdón, consolar al triste, amar más y mejor a los demás, etc. ¡Ojalá que en estos días y siempre nuestros hogares sean lugares de paz y acogida para todos los que lleguen buscando misericordia!

A tal efecto, los Obispos de Cuba deseamos que, como preparación inmediata a la visita del Papa Francisco, los primeros viernes de los meses de julio, agosto y septiembre, en cada comunidad y en cada corazón que se nos quiera unir, se realicen gestos de misericordia para quienes los necesiten así como tiempos especiales de oración y de ayuno.

Del mismo modo los invitamos a programar en sus comunidades una vigilia de oración para la noche del jueves 17 al viernes 18 de septiembre. Recordamos que las Diócesis, parroquias y comunidades pueden, como en otras ocasiones similares, tener sus iniciativas propias a fin de alcanzar el fin propuesto que es, pedir la ayuda de Dios para que disponga los corazones de los cubanos a que escuchen y acojan el mensaje de esperanza y misericordia que nos traerá el Papa Francisco.

A la Virgen de la Caridad, Madre de Cuba, y a quien también invocamos como “Reina y Madre de misericordia”, le suplicamos su cuidado maternal sobre esta tan deseada visita. Coincidirá que el Papa Francisco visitará su Santuario del Cobre en la misma semana en la que se cumplirán cien años de que los mambises de las guerras por la independencia de nuestra Patria escribieran al Papa pidiéndole que la declarara patrona de Cuba. Ella, que ha acompañado a nuestro pueblo en las buenas y en las malas, consiga del cielo una gran bendición para Cuba y sus hijos, estén donde estén, piensen como piensen y crean como crean.

Los obispos de Cuba rezamos para que las enseñanzas que el Papa Francisco nos deje nos muevan a todos a crecer en la fe y la esperanza, y podamos aprender a tener un corazón lleno de misericordia para con todos. Que nuestro buen Dios nos quite, como leemos en el profeta Ezequiel (11, 19-20) nuestros “corazones de piedra” y nuestros “viejos espíritus” y nos dé corazones de carne y espíritus nuevos para que vivamos según sus enseñanzas.

Y también rezamos para que las bendiciones de Dios lleguen igualmente a los que no podrán participar en las misas que el Papa Francisco celebre en Cuba por estar lejos de la patria, o por motivos laborales o de salud, de transporte, o por estar presos.


A todos ellos, y a todo nuestro pueblo, les aseguramos nuestra cercanía y oración.


Los obispos de Cuba.

La Habana, 29 de junio de 2015
Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

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